Un nuevo aniversario del derrocamiento del dictador Hosni Mubarak durante el levantamiento popular conocido como la Primavera Árabe egipcia, terminó -otra vez- con sangre, luego que las fuerzas de seguridad reprimieran ferozmente las protestas de islamistas y liberales, con un saldo final de 17 muertos, decenas de heridos y 150 detenidos.
El Ministerio de Salud egipcio informó que 16 manifestantes y un recluta de la policía fallecieron en la capital. Doce de las víctimas que protestaban murieron por disparos y la agresión de las fuerzas de seguridad en el barrio popular cairota de Al Matariya, uno de los feudos del proscrito grupo de la Hermandad Musulmana.
Este movimiento islamista fue el que llevó al poder a Mohamed Mursi en 2012, un año después del derrocamiento de Mubarak y de la histórica apertura de elecciones democráticas en el país árabe.
Un año después de la asunción de Mursi, el Ejército, que había sido leal a Mubarak, derrocó al presidente islamista, apoyado por manifestaciones multitudinarias que pedían detener la islamización del Estado.
Con el apoyo de millones de ciudadanos, el gobierno de facto inmediatamente impuso un nuevo régimen autoritario, en el que toda la oposición fue reprimida y perseguida judicialmente.
El Ministerio del Interior no dio detalles sobre lo que pasó en Al Matariya ni lo que sucedió en el barrio de Ain Shams, otro bastión de la Hermandad Musulmana, en donde falleció un recluta de la Policía.
En tanto, otros dos manifestantes murieron en el distrito capitalino de Guiza y otro en la ciudad mediterránea de Alejandría.
El Ministerio del Interior informó que las últimas dos víctimas fatales murieron cuando intentaban colocar un explosivo en Damanhur, al sureste de Alejandría.
La vocero de esa cartera, Hany Abdel, además, aseguró que al menos 150 personas habían sido detenidas al final de la jornada de protestas, según la agencia de noticias oficial, Mena.
Desde hace más de un año, en Egipto rige una ley que prohíbe cualquier manifestación y protesta que no haya sido previamente aprobada por el gobierno.
Esta ley golpeó el poco poder de movilización que le quedaba a la Hermandad Musulmana después de la represión y la persecución judicial de los meses posteriores al golpe contra Mursi, pero también a los movimientos de izquierda y laicos que en principio apoyaron el golpe de 2013, pero que finalmente comenzaron a denunciar a las nuevas autoridades civiles y militares.
“Estoy aquí porque después de la revolución del 25 de enero no se hizo nada, Mubarak no fue juzgado y la corrupción sigue igual. Necesitamos un cambio real del sistema de gobierno y de las instituciones del Estado”, aseguró a la agencia de noticias EFE Rania Rifat, una joven abogada de El Cairo.
Junto a varias decenas de personas, Rifat se concentró en las escaleras del Sindicato de Periodistas de El Cairo para burlar la prohibición de celebrar manifestaciones, decretada en 2013.
Entre gritos de “El pueblo quiere la caída del régimen”, Rifat confesó que había votado al actual presidente, Abdel Fatah al Sisi, en las elecciones celebradas en mayo de 2014, pero se declaró desencantada y convencida de la necesidad de “un cambio profundo”.
Además de un masivo despliegue de policías y soldados, imágenes de medios internacionales mostraron a fuerzas de seguridad vestidas de civiles y corriendo a los manifestantes con armas en la mano a plena de luz del día.