El voto que podía definir la sesión no estuvo. D’Alessandro había anticipado que no le soltaría la mano a Beltrán y finalmente una licencia por un viaje a Buenos Aires dejó al oficialismo sin el número necesario. El resultado: los fueros del diputado quedaron intactos.
La Cámara de Diputados de San Luis no logró reunir los 29 votos necesarios para avanzar con el desafuero de Joaquín Beltrán, por lo que el legislador conserva sus fueros y la Justicia no podrá disponer una eventual detención mientras estos permanezcan vigentes. La Cámara cuenta con 43 integrantes y el artículo 125 exige los dos tercios de la totalidad para suspender al legislador y ponerlo a disposición judicial.
Y en el centro de la escena quedó Carlos González D’Alessandro.
El diputado de Consolidación Argentina había anticipado públicamente que no estaba dispuesto a quitarle los fueros a Beltrán sin una condena y había dejado una frase que hoy adquiere otra dimensión: “No le suelto la mano a ningún legislador, ni oficialista ni opositor, si no hay una Justicia que diga que es culpable”.
Finalmente, D’Alessandro no estuvo en el recinto.
El legislador tomó licencia y, según lo informado por medios locales, viajó a Buenos Aires para atender a un familiar que había sido operado. Su ausencia, sin embargo, tuvo una consecuencia política concreta: el oficialismo perdió uno de los votos que necesitaba para intentar llegar a los 29.
La calculadora terminó favoreciendo al PJ
El oficialismo contaba con 25 diputados entre su bloque y aliados y necesitaba sumar al menos cuatro votos para alcanzar los dos tercios.
D’Alessandro era uno de los votos que podía resultar determinante.
Pero no estuvo.
Y sin ese voto, la cuenta no alcanzó.
El desafuero quedó frenado y Beltrán conserva sus fueros.
No hace falta atribuirle a D’Alessandro un acuerdo con el peronismo para advertir el resultado político de su ausencia: el PJ logró exactamente lo que necesitaba para impedir que se alcanzara la mayoría agravada.
La cuestión ahora deja una pregunta inevitable: ¿qué habría ocurrido si D’Alessandro hubiera estado sentado en su banca?
No lo sabremos.
Lo que sí sabemos es que había dicho que, de votar, no estaba dispuesto a soltarle la mano a Beltrán; finalmente no votó y los fueros quedaron intactos.
Mientras la causa Molino Fénix continúa en la Justicia, la política dejó una postal difícil de ignorar:
el oficialismo necesitaba 29, D’Alessandro no estuvo y el desafuero no pasó.
Para el PJ, fue una victoria parlamentaria.
Para la Justicia, el camino contra Beltrán sigue condicionado por sus fueros.
Y para D’Alessandro, queda abierta una pregunta que deberá responder políticamente: ¿fue simplemente una ausencia circunstancial o terminó siendo el voto que nunca estuvo, pero que el PJ necesitaba?