Por momentos, el discurso del senador nacional Bartolomé Abdala parece una clase magistral de moral pública. Habla de corrupción, critica al Estado, denuncia privilegios y repite el libreto libertario contra “la casta”. Sin embargo, cuando se trata de mirar hacia San Luis —y particularmente hacia el universo político de Alberto Rodríguez Saá— el tono cambia. O mejor dicho: desaparece.
El silencio de Abdala frente a las causas judiciales que rodean a ex funcionarios del rodriguezsaísmo no es casualidad. Es, más bien, coherente con una trayectoria política que lo muestra siempre orbitando alrededor del poder puntano.
El libertario que nació en el rodriguezsaísmo
Antes de convertirse en referente de La Libertad Avanza, Abdala fue parte del esquema político de Alberto Rodríguez Saá. De hecho, integró su gobierno como ministro de Turismo entre 2008 y 2009 y luego fue electo diputado provincial dentro del frente oficialista que respondía al mandatario puntano.
Es decir: la carrera política de Abdala no nació combatiendo a “la casta”. Nació dentro de ella.
Hoy, desde el Senado —donde incluso llegó a ocupar la presidencia provisional— se presenta como un paladín contra los privilegios del poder. Pero ese discurso pierde fuerza cuando el silencio se vuelve sistemático frente a los escándalos que involucran al viejo aparato político que lo vio crecer.
Causas de corrupción y silencio selectivo
En los últimos años, distintos ex funcionarios del gobierno de Rodríguez Saá fueron imputados por fraude a la administración pública en San Luis, en investigaciones judiciales que apuntan a irregularidades en el manejo de recursos del Estado.
Sin embargo, Abdala —tan activo en redes y medios cuando se trata de cuestionar a otros espacios políticos— no ha mostrado el mismo entusiasmo para exigir explicaciones dentro de su propia provincia.
Ni un pedido público de investigación.
Ni una crítica contundente.
Ni siquiera un gesto de distancia.
El silencio, en política, también es una forma de hablar.
La vieja historia que vuelve: el caso Stagnitta
Quienes siguen la política puntana desde hace décadas recuerdan además otro episodio incómodo: la causa vinculada a la quiebra del antiguo Banco Provincia de San Luis, conocida en ámbitos judiciales y políticos por las derivaciones del caso Stagnitta.
Durante ese proceso, distintos actores del poder provincial quedaron bajo la lupa. Y en ese contexto, Abdala fue señalado por sectores de la oposición como uno de los dirigentes protegidos políticamente por el aparato del rodriguezsaísmo durante las turbulencias judiciales.
En San Luis muchos recuerdan una frase que circulaba en voz baja en los pasillos de tribunales:
“Si el poder te cubre, la tormenta nunca te moja”.
Y el poder en aquella época tenía un solo apellido.
El campeón contra “la casta”… salvo en San Luis
El problema para Abdala es que su narrativa actual se basa en combatir a la vieja política. Pero su biografía cuenta otra historia.
Porque mientras denuncia privilegios en Buenos Aires, en San Luis parece aplicar otra lógica: la de la lealtad eterna al sistema político que dominó la provincia durante décadas.
Un sistema que tuvo como eje central a los hermanos Rodríguez Saá.
La política como club de fidelidades
En política hay dirigentes que rompen con su pasado y otros que simplemente lo reciclan. Abdala parece pertenecer a la segunda categoría.
Cambian los partidos.
Cambian los discursos.
Cambian los slogans.
Pero las lealtades profundas permanecen intactas.
Por eso, cuando el senador libertario habla de terminar con la “casta”, en San Luis muchos se preguntan si no está hablando de todos… menos de quienes lo formaron políticamente.
Y ahí aparece la gran contradicción.
El dirigente que promete terminar con el sistema parece haber sido, durante años, uno de sus alumnos más aplicados.