Referente provincial del PTS / Frente de Izquierda.
El domingo pasado, las elecciones locales en cinco provincias fueron la antesala a los días decisivos que terminarán de confirmar el panorama electoral nacional, que quedará definitivamente configurado en los próximos días.
Los triunfos electorales de Gerardo Morales en Jujuy, Gustavo Bordet en Entre Ríos, Juan Manzur en Tucumán y Mariano Arcioni en Chubut, así como de Rodolfo Suárez en las PASO de Mendoza, han confirmado la tendencia al triunfo de los oficialismos en los distintos distritos.
Más allá de las particularidades de cada provincia, estas últimas elecciones confirmaron – también – la tendencia a la polarización entre las candidaturas de los partidos de Cambiemos y el peronismo, en el marco de procesos electorales que definen cargos ejecutivos importantes, como las gobernaciones e intendencias.
Sin embargo, dentro de tal polarización, hay que señalar que los partidos integrantes de Cambiemos han tenido retrocesos electorales importantes en provincias como Jujuy (aun ganando) y Tucumán, que se suman a las sustanciales derrotas sufridas en Córdoba, Neuquén, Río Negro, La Pampa, San Juan, etc.
Aquélla tendencia a la polarización tiene su explicación más profunda en el hecho de que a pesar del fuerte ajuste que está sufriendo el pueblo trabajador en los últimos años, y que se ha acentuado desde 2018 de la mano del FMI, todos los actores del régimen político han trabajado en común para que estos ataques no sean derrotados con la lucha, sino que la respuesta a ellos se encamine (mejor dicho, se desvíe) en el proceso electoral.
Después de las grandes jornadas de lucha de diciembre de 2017 contra la Reforma (estafa) Previsional, el peronismo / kirchnerismo, la burocracia sindical en todas sus alas y los movimientos sociales ligados al Papa Bergoglio, largaron la consigna “Hay 2019”, disponiéndose a impedir que aquella lucha continuara hasta derrotar los planes de ajuste, llamando a esperar pasivamente las elecciones presidenciales, y convocando – como mucho y de vez en cuando – a paros “domingueros” para descomprimir la bronca de las clases populares, pero sin continuidad alguna ni plan de lucha.
Así fue cómo se configuró una situación en la que las grandes mayorías ven la vía electoral como la única manera posible de incidir sobre el rumbo político y económico del país, abriéndose paso a un escenario favorable para los partidos mayoritarios que cuentan con recursos y aparatos millonarios.
En ese marco, de cara a las elecciones presidenciales, Cambiemos apuesta a conservar su base electoral, polarizando contra el peronismo / kirchnerismo y el fantasma de la “vuelta al pasado”, con la intención de jugar sus últimas y mejores cartas en un hipotético balotaje.
Por su parte, el peronismo (nucleado, en su gran mayoría, alrededor de la fórmula Fernández – Fernández) viene basando sus campañas políticas, vendiendo la ilusión de que, con un cambio de gobierno, es decir, sacando al macrismo de las provincias y de la Casa Rosada, mejorarán las condiciones de vida del pueblo trabajador.
Y, por último, el denominado peronismo federal con su flamante figura pública, Roberto Lavagna, ha quedado muy disminuido políticamente, prácticamente sin chances de disputar la presidencia nacional. Expresión concreta de esto es que, después de su triunfo en Córdoba, Juan Schiaretti se borró del armado del espacio, tomándose unas vacaciones, y Sergio Massa mantiene sus negociaciones con la familia política de los Fernández.
El turno electoral puntano.
El próximo 16 de junio se realizarán las elecciones provinciales de San Luis, en las que se elegirán un nuevo gobernador, nuevos intendentes y concejales en algunas localidades, y diputados y senadores provinciales.
Tres son los frentes electorales que cuentan con mayor intención de votos para la gobernación de la provincia: “Unidad Justicialista”, encabezado por Alberto Rodríguez Saá; “Juntos por la Gente”, liderado por Adolfo Rodríguez Saá; y “San Luis Unido”, con Claudio Poggi como principal candidato.
Sin embargo, no es esta la única coincidencia entre los tres contendientes. También han coincidido en llevar adelante una campaña política electoral completamente demagógica, comprando las necesidades de las grandes mayorías por votos, y generándoles ilusiones de trabajo, vivienda y bienestar en un contexto nacional de crisis que pronostica mayores ajustes y privaciones en la vida diaria del pueblo trabajador, en tanto y en cuanto, no se rompan los pactos con el FMI y no se deje de pagar la deuda externa, ilegítima, ilegal y fraudulenta.
Otra coincidencia es que ninguno de los candidatos a gobernador de la provincia cuestionó su vida de ricos y sus privilegios de casta política, cobrando dietas y jubilaciones ejecutivas y legislativas de cientos de miles de pesos, respectivamente, muy por encima y al contrario de la vida y los sueldos de las trabajadoras y los trabajadores de San Luis, como así también, de las jubiladas y los jubilados.
Y tampoco dijeron nada de la juventud que labura en trabajos ultra-precarizados; de que haya un sector de la población puntana sin trabajo mientras otros sectores laburan entre doce y catorce horas, demostrando faltas de propuestas en lo que hace a la racionalidad en la organización del trabajo; de que a las jubiladas y los jubilados no se les arranque las últimas monedas del bolsillo con las que van a comprar sus medicamentos; de que las pibas y los pibes no pasen hambre en sus hogares y en las escuelas; y ni de que las mujeres sigamos siendo víctimas de la violencia de género y de las consecuencias del aborto clandestino.
En resumidas cuentas, se trata de tres candidatos (Alberto, Adolfo y Poggi) que – habiendo sido gobernadores de la provincia en épocas pasadas – no solucionaron ninguno de los problemas estructurales que atraviesan a la realidad social puntana.
Al contrario, bajo sus respectivas gestiones de gobierno, la pobreza estructural se naturalizó, así como el trabajo informal y precario, la crisis habitacional y la falta de vivienda propia en las familias trabajadoras, la crisis en el transporte público, los bajos salarios, la inexistencia de paritarias salariales, el desfinanciamiento de la educación pública y el vaciamiento de los hospitales y centros de salud.
Los desafíos de la izquierda.
Bajo tales contextos (nacional y provincial) desde el Partido de Trabajadores por el Socialismo / Frente de Izquierda y los Trabajadores (PTS / FIT) peleamos por desarrollar una alternativa política independiente de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud.
Lo hacemos con la convicción de que, así como el macrismo gobierna bajo las órdenes del FMI atacando las condiciones de vida del pueblo trabajador y avanzando en la entrega del país, las gobernaciones provinciales y el resto de la casta política han sido cómplices de esos ataques y de esa entrega – y lo seguirán siendo – ya que no plantean en sus plataformas políticas la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa, lo que se traduce y se traducirá en más ajustes, en el detrimento del trabajo, la salud, la vivienda y la educación, y en más reformas estructurales de carácter neoliberal.
Contra esta perspectiva, desde la izquierda planteamos la necesidad de decirle la verdad a las trabajadoras, los trabajadores, las mujeres y la juventud, sobre la necesidad de prepararse para enfrentar al FMI con la lucha y con un programa anti-capitalista. Aunque las grandes mayorías no compartan por el momento nuestra visión, es nuestra obligación advertirles acerca de los ataques que van a venir y sobre la necesidad de prepararnos para enfrentarlos.
En ese sentido, en el terreno electoral, a los fines de amplificar nuestra voz, buscamos extender la unidad de la izquierda, bajo un programa anti-capitalista de salida a la crisis, logrando así plantear con más fuerza nuestras posiciones.
Contra los partidos tradicionales y sus grandes aparatos, que hacen campañas millonarias, desde el PTS / Frente de Izquierda, seguiremos apostando por una gran campaña política hecha a pulmón. Con la fuerza de miles de trabajadoras, trabajadores, estudiantes, mujeres y jóvenes queremos llegar hasta el último rincón del país, sembrando las ideas necesarias para invertir las prioridades: primero acabar con la pobreza, primero el trabajo, la salud, la vivienda y la educación, y no los intereses del capital financiero internacional y los grandes empresarios.