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en San Luis

2019-09-09 Nacionales

Sergio Massa

“Macri fue soberbio, mezquino e insensible”


En una tarde hermosa de sábado Sergio Massa mira por la ventana de su oficina llena de Malenas en foto. Massa es el máximo dirigente del Frente Renovador, integrado al Frente de Todos, y primer candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Malena Galmarini, su compañera, es candidata a legisladora provincial. “Alberto ya salió de Portugal a Madrid y vuelve”, cuenta sobre Alberto Fernández. “Está muy contento porque le fue muy bien”, dice antes del diálogo con Página/12.

La campaña está por recomenzar oficialmente. Massa recorrerá algunos distritos del Conurbano y viajará al interior. Córdoba otra vez, y también Santiago del Estero.

--En los últimos dos años los encuestadores primero descubrieron que un 60 por ciento se sentía opositor. Y después descubrieron otra cosa: que los opositores empezaban a pedirles a los dirigentes que se juntaran. ¿Percibiste eso?

--Lo sentías en la calle. Te decían: “Dejen de pelearse entre ustedes y saquen a este gobierno”. La situación de la Argentina desde el punto de vista económico y social es tan dolorosa, pero tan dolorosa, que la sociedad ya no nos perdonaba que por diferencias nuestras, por vanidades, por egoísmos o por deseos de proyectos personales no le diéramos una respuesta al fracaso rotundo de un gobierno en materia económica, política y social. Macri no solo fracasó desde el punto de vista económico. Fracasó en unir a los argentinos, fracasó en tener un proyecto de país, fracasó en la idea de construir el famoso diálogo que pregonaba hace un tiempo.

--¿Por qué fracasó?

--Tiene que ver con una mirada de dueño. Pensó que el Estado argentino era su empresa y que él era el dueño en lugar de entender que los presidentes tienen que saber conducir algo que les delega el pueblo soberano. La sociedad no nos hubiese perdonado que por peleas personales no le diéramos una respuesta al fracaso de un gobierno así. Y todos los entendimos así. Y haberlo entendido así nos permitió construir el “Todos” por encima de las individualidades.

--¿Vos recordás tu momento personal de comprensión? ¿Hubo un click?

--Perfectamente. Fue en un semáforo en Morón. Era un día de semana a la mañana. Yo iba a un centro de jubilados con Mirta Tundis y Martín Marinucci. Paré en el semáforo y un jubilado vendía pastillas. Me reconoce y me dice, casi llorando: “Júntense y saquen a este tipo, que no aguantamos más”. Llegué al centro de jubilados demolido. Lo primero que me surgió fue contarles lo que me había pasado. Llego a la noche a mi casa. Malena había ido a Talar a un club de barrio y me cuenta que el profe de fútbol infantil le decía que los chicos se desmayaban porque iban sin comer. Ese día fue un basta. Fue entender que no podíamos arrastrar a la sociedad argentina a seguir conviviendo con tanto dolor y con tanta pauperización.

--¿Cuándo fue?

--Dos o tres semanas antes de la reunión de los cuatro de Alternativa Federal en Córdoba, a fin de marzo. Al mismo tiempo recogíamos experiencias parecidas de los concejales, de los intendentes, de los legisladores de todo el país. Llegamos a la conclusión de que no había lugar para otra cosa que no fuera la construcción de una nueva mayoría. Después empezamos a charlar con los gobernadores. Muchos veían lo mismo. Y venía hablando desde antes con Alberto (Fernández), con Wado (de Pedro), con Máximo (Kirchner)...

--Los dirigentes políticos y sociales últimamente registran el dolor como un gran fenómeno social.

--La primera reacción al fracaso tiene que ver con la desilusión, sobre todo en la clase media, por la desindustrialización, por la falta de políticas contra la inflación, por el sobreendeudamiento y la falta de un Estado presente. A esa desilusión se le suma el dolor de millones de argentinos que estaban en la pobreza y pasaron a la indigencia. O que estaban en una situación de vulnerabilidad y pasaron a la pobreza. Ese dolor empezó a golpear en la cara de los dirigentes en el mano a mano con la gente. Ese dolor te empieza a imponer una obligación que es la de asumir que venía la tarea de construir un nuevo gobierno y una nueva mayoría.

--No fue solo la crisis económica.

--No, claro. En el 2017 el proceso ya era parecido al actual. Macri no pudo con la inflación en ninguno de los años de su gobierno. Macri fabricó pobres a lo largo de cada uno de sus años de gestión. Siempre generó desempleo. Macri fue soberbio desde el primer día. Tuvo ayuda del peronismo como ningún otro gobierno. Sin embargo, frente a esa ayuda lo único que hacía era empujar al peronismo al peor de los lugares, en lugar de reconocer nada. Fue soberbio, mezquino, insensible ante las demandas de la sociedad. Tampoco reconoció que la herencia recibida era mucho mejor que la de otros gobiernos desde la vuelta de la democracia. Macri tenía herramientas que hasta le permiten hoy llegar al final del mandato en mejores condiciones.

--¿Cuáles?

--La asignación universal, la moratoria jubilatoria con cobertura casi universal en adultos mayores, la capacidad de endeudamiento porque el país estaba desendeudado... El problema es que usó mal todas esas herramientas, las desperdició. Un martillo te sirve para clavar un clavo o romper una cabeza. Este gobierno usó los martillos que tenía para romper cabezas en lugar de clavar clavos.

--¿En qué momento la gente pasa del desencanto al basta y del basta a la esperanza?

--El día en que la sociedad se dio cuenta de que los dirigentes habíamos aprendido de los errores del pasado para darle a la Argentina un proyecto de país, la Argentina se inundó de esperanza. Las PASO fueron una ola de esperanza. Las elecciones del 27 de octubre también van a ser parte de esa ola que pone en el centro de las decisiones la movilidad social ascendente, la educación pública, el trabajo y la producción. Lo importante a tener en cuenta es que la ola fue construida por la sociedad. La sociedad estuvo delante nuestro. Por eso hay que entender, también, que lo construido hasta acá no alcanza. Hay que buscar aún más argentinos para la tarea enorme que empieza el 11 de diciembre. Queremos llegar a los cuatro millones que no quieren a este gobierno pero no nos votaron. Les decimos: “Vengan, aprendimos a dialogar, aprendimos a ceder. Vengan porque como dice Alberto volvimos para ser mejores”.

--Hubo una convergencia entre la ola social y el ensamble de los dirigentes políticos opositores.

--No solo converge. Además nos da el poder político alrededor del Estado.

--¿Exige y a la vez da poder?

--Exactamente. La exigencia va a ser grande porque el deterioro es enorme. La responsabilidad es mayor. Entonces hay que saber que el 11 de diciembre debemos buscar un gran acuerdo económico y social incluso con aquéllos que hoy siguen apoyando el fracaso de Macri. Hay que ser generosos y convocarlos a la construcción, o más bien a la reconstrucción de la Argentina.

--¿Votantes o empresarios?

--Votantes, empresarios, comunicadores, dirigentes políticos, dirigentes sindicales, la sociedad civil. Nuestro desafío es abrazar a todos.

--¿Cómo fue el primer reencuentro con Cristina?

--Fue una charla de cinco horas, muy madura, muy honesta. De análisis de lo que pasó pero sobre todo de análisis de lo que debería pasar en la Argentina.

--¿Hubo facturas?

--No. En todo caso por parte de los dos hubo autocrítica hacia atrás y honestidad intelectual hacia adelante. Todos crecimos. No somos los mismos que hace ocho o nueve años.

--Decías: “Todos aprendimos de nuestros errores”. ¿Vos qué aprendiste?

--Que la construcción de un proyecto de país se hace de manera colectiva. Que uno puede tener objetivos individuales pero no tiene que anteponerlos a la construcción de un proyecto de país. Que la mirada egoísta te encierra. Que el egoísmo te disocia del deseo de una sociedad integrada. Para construir una patria no hay proyectos individuales. En todo caso solo pueden existir capacidades mayores o menores de liderazgo. Otra autocrítica: uno tiene que saber esperar y no correr y anticiparse antes de la madurez de la fruta de un árbol.

--Tenías una medición: ibas perdiendo votos.

--De todos modos, me parece que los contextos electorales son relativos en un momento del país como éste. No estaba en juego quién lideraba la oposición sino como ponerle un final al fracaso de un gobierno. Una mezquindad por ver quién tiene razón es casi infantil. El tiempo nos obligaba a la madurez.

--Hablaste varias veces del 11 de diciembre. El 10 de diciembre...

--El 10 de diciembre se traspasa el mando y Alberto Fernández asumirá como nuevo Presidente de la República. Y será un gran Presidente. Y la tarea será de tres costados. Un costado macroeconómico y de puesta en marcha microeconómica. Otro, poner un proyecto de país que comprometa a todos. El tercero, el diálogo político como instrumento de la construcción de las dos variables.

--El 11 de diciembre el Fondo Monetario Internacional seguirá existiendo.

--Tengo una libertad: hoy puedo decir lo mismo que en noviembre del año pasado, cuando este gobierno me tildó de “antipatria” porque dije en el Wilson Center de Washington que el acuerdo con el Fondo era pésimo y que había que rediscutirlo. Sigo pensando lo mismo. Hay que renegociar el acuerdo con el Fondo. Lastima el desarrollo de la economía argentina. Lastima la credibilidad de la Argentina en los mercados porque el escalonamiento hace que el país esté como atragantado. Los vencimientos se juntan. El Gobierno firmó un acuerdo rápido para conseguir desembolso de dólares sin mirar en perspectiva el desarrollo económico de la Argentina. Terminó pasando que el mundo hoy no le cree al acuerdo que Macri firmó con el Fondo. No cree que sea posible cumplirlo. El Gobierno firmó un acuerdo mal y a las apuradas para manotearle dólares al Fondo. ¿Por qué es importante la legitimidad electoral? ¿Por qué hay que construir una nueva y enorme mayoría? Porque necesitamos mostrarles al Fondo y al mundo que le fracaso de Macri y de la receta del Fondo están no solo en los que tenemos la responsabilidad de gobernar sino en la enorme mayoría de los argentinos. Precisamos demostrar que tenemos el apoyo de la sociedad para rediscutir ese acuerdo. Queremos cumplirlo, pero sobre la base de lo razonable, no a partir del dolor de la gente, del cierre de las pymes, de apagar el mercado interno, de manotear los dólares de los argentinos (que son para el desarrollo) y pagar deuda. Todo debe hacerse de manera acompasada. Queremos superávit fiscal, tener un tipo de cambio competitivo y crear una Argentina exportadora que fabrique los dólares necesarios para producir y para pagar.

--Alberto promete cumplir con el Fondo si el Fondo le da tiempo a la Argentina. Pero el FMI podría insistir en su libreto habitual: privaticen el Banco Nación, destruyan la jubilación pública...

--Pero en la autocrítica del Fondo del 2002 aparece un análisis sobre sus propias recetas sobre el caso Argentina. En un acuerdo diez veces más chico que éste de Macri, que es el mayor acuerdo en la historia del FMI, el mayor desembolso de su historia que representa el 60 por ciento del capital del Fondo, el organismo ya planteó que esas políticas no garantizaban el pago. La Argentina puede pagar si exporta, si crece, si genera exportaciones con valor agregado industrial o del capital humano. Es clave transmitirles eso a los técnicos y a quienes toman las decisiones políticas en el Fondo. Lo hice. Hablé con Roberto Cardarelli y con todos.

--¿Qué contestaron?

--Ellos no fueron reacios a entender que un programa de crecimiento hacía más viable el acuerdo con la Argentina que un programa de ajuste. El mismo Fondo da ejemplos de Chile o Brasil al momento de mirar el asunto del control de capitales. La ortodoxia de los Federico Sturzenegger o de los Luis Toto Caputo de este mundo es más la soga del ahorcado de ellos mismos que una demanda del Fondo. Hay que discutir con firmeza y con responsabilidad.

--Uno de tus contactos en los Estados Unidos es Rudolph Giuliani.

--Trabajamos juntos en políticas de seguridad. Giuliani me prologó un libro.

--Pero fue alcalde de Nueva York y es asesor personal de Donald Trump. ¿Él u otros te dieron alguna prescripción de cómo debería ser la economía argentina con Alberto Fernández?

--Primero te cuento lo que les digo yo. Que con Alberto esperen un país que cumpla con sus obligaciones, que defienda el interés soberano y la calidad de vida de su gente y que sea parte del mundo. Les pido que se saquen los prejucios de encima y dejen de escuchar a los cantautores pagados por el gobierno encargados de decir que viene el monstruo. No viene el monstruo. Y les pido que nos ayuden porque la Argentina necesita crecer.

--¿Siguen repitiendo a los cantautores?

--De a poco se van sacando las armaduras. Entienden que la Argentina está sobrecastigada. Hace poco estuve con uno de los dueños de uno de los fondos de inversión más invertidos en equities en la Argentina. Me preguntó qué haría su tuviera que tomar una decisión. Le pregunté: “¿Usted tiene bonos de Zambia?”. Me dijo que sí. “¿Visitó Zambia?” Me dijo que sí. “¿Anduvo por la calle?” Me dijo que no, que no se puede andar por la calle en Zambia. “¿Y cómo vino a mi oficina de Avenida Libertador? Supongo que caminando y después de pasar por un shopping. ¿Usted cree que la Argentina vale menos que Zambia” Me dijo que no. Le dije que la Argentina va a crecer. Un día, cuando yo era un joven director de Anses, el conductor de un programa, “Desayuno”, por la TV Pública, me invitó a tomar un café y me contó que había cobrado una indemnización. Lo cuento porque él ya lo contó. Le dije que la Argentina estaba sobrecastigada y le aconsejé comprar bonos argentinos. Incluso en medio de alguna pelea por diferentes posiciones políticas lo escuché contar que el mejor negocio de su vida lo había hecho con bonos argentinos. Para más datos, el conductor del que hablo es uruguayo y tiene un hermoso relato del gol de Maradona a los ingleses en 1986.

--Pero sospecho que el problema de un nuevo gobierno no será con el relator.

--No, por supuesto. El problema del país es otro tipo de relato, el que el Gobierno hizo sobre la base de falsedades. Pero se está cayendo. Una falsedad dice que el peronismo no tiene vínculos internacionales ni los tuvo nunca. Es falso. Por ejemplo los acuerdos nucleares que pusieron a la Argentina en situaciones de liderazgo no son de este gobierno. Vienen de antes. El relato de este gobierno es que el peronismo no tiene crédito, no es creíble en los Estados Unidos y Europa... Así como los argentinos le perdieron la confianza, el mundo también. Hoy los mercados, los organismos de créditos y los servicios exteriores esperan que dice Alberto, no ya qué hace Macri. El Gobierno sostuvo una mentira hasta dos días antes de las PASO. Usó fondos públicos para intentar influir en la elección. Los del Banco Nación y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad. Fueron irresponsables.

--¿Y serían culpables penalmente?

--Conceptualmente la judicialización política no es buena. A la gente le arreglamos las cosas con gestión. Ahora, si hay jueces y fiscales que investigan, que sean libres de hacerlo. En el caso del FGS tengo una mirada crítica desde el principio de la gestión de Macri. Hubo descuido, para decirlo en la forma coqueta de esta era. Hay un perjuicio fiscal, que es el daño más grande que un funcionario le puede generar a la administración pública porque afecta al dinero de todos los contribuyentes. El daño se produce a través de una decisión. Habrá que mirar la administración del FGS con mucho detalle. El 64 por ciento de la cartera hoy es centralmente en títulos públicos. LETE, BOTE, Lebac... El problema más serio es que se los calzaron a los jubilados.

--¿Cómo se descalza?

--Uff... Primero hay que diseñar al FGS como un banco de previsión social asociado a la política macroeconómica. Es para trabajar con una arquitectura muy fina porque hay que asociar el tema a la pirámide de población, al tiempo promedio de duración de una jubilación y a otros datos clave. Los fondos que aseguran la prestación jubilatoria tienen que tener asociados los vencimientos en títulos públicos y en colocaciones al cumplimiento de esa obligación. Hay que mirar a la vez mercado de trabajo y expectativa de vida. El mundo tiene un desafío, porque la seguridad social nació cuando cuatro trabajadores activos financiaban a un pasivo y la gente vivía menos, es decir que vivía menos también después de jubilarse. Hoy la gente vive más tiempo. El tiempo entre el retiro del mercado de trabajo y el momento de la muerte es mayor.

--¿Qué haría un gobierno de Alberto Fernández con la poda jubilatoria de 2017?

--Hay que derogar esa reforma. Lo llamaron “recalibramiento” pero les robaron parte del salario a los jubilados. El índice anterior, que además tuve la responsabilidad de diseñar, estaba atado a la evolución del salario y de la recaudación. Nada más virtuoso que asociar al Estado y al sueldo de los trabajadores la cobertura y la tasa de sustitución del salario. Lo que hicieron es una animalada. En la Argentina la jubilación no está asociada solo a los aportes sino a los impuestos. Cuando comprás cigarrillos, cuando cargás nafta, cuando exportás soja, pagás jubilaciones. El problema es que este gobierno agregó a la seguridad social gastos que no son de la seguridad social, y eso también en algún momento habrá que discutirlo.

--“Emergencia”, “parar la caída”, “hambre” e “inyectar plata en el bolsillo de la gente” son expresiones de la campaña del Frente de Todos. ¿Cómo empezaría a funcionar el engranaje que ponga en marcha el circuito productivo?

--Lo primero que tiene que haber acá es un acuerdo económico social de empresarios, trabajadores y Estado a partir del hecho de que el 80 por ciento del PBI es el mercado interno, o sea la turbina. Para que haya crecimiento hay que recuperarlo. Eso significa recuperar poder de compra del salario, que es también bajar parte de los gastos del trabajador, reducir en un 30 por ciento la carga impositiva de las pymes, mejorar jubilaciones en un esquema de emergencia...

--¿Bajar parte de los gastos es cambiar el cuadro de tarifas?

--Claramente. La mayor transferencia de riqueza de este gobierno se ve en los balances del 2018. En la Argentina se empobrecieron 30 millones de personas y se hicieron ricos 30 empresarios, en su mayoría amigos de Macri. Si mirás los balances de Central Puerto, que pertenece al que Macri presente como su hermano de la vida Nicolás Caputo, vas a ver que un señor con centrales obsoletas que eran del Estado y ya estaban amortizados, cobra el mismo valor por su energía que un señor que construyó una central nueva y de ciclo combinado. Eso no es promover la competencia. Hay que mirar bien ese tema.

--El gobierno, además, fijó el precio del gas en boca de pozo en dólares.

--Y encima las resoluciones son contradictorias. Llegaron a financiarle a una empresa el 75 por ciento del valor de la inversión y debieron volver atrás. El Gobierno generó un esquema para beneficiar a los amigos del poder. Con las tarifas en dólares los amigos solo retiran dividendos porque ya amortizaron el valor de su inversión. Caputo y los italianos de Enel, en el caso de la electricidad, venden al mismo valor con energía amortizada en términos de generación. El desafío es cumplir lo contractualizado, pero el negocio del spot, que representa gran parte del mercado eléctrico por ejemplo, hacerlo en pesos y tener en cuenta la capacidad productiva, la competitividad y la oferta de una mejor tarifa. Y hay que mirar seriamente otra cosa: en una economía que vive en pesos, suena cuanto menos injusto que algunos tengan sus valores en dólares.




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