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en San Luis

2018-08-02 Columna: Educación Vial

Por José Quevedo Celi

Enemigo Externo con la Rana Hervida


Un amigo me contó una vez la historia de un muchacho a quien entrenaba en hándbol o balón mano, como se lo llama en la actualidad, y que tras perder tres pelotas en el campo derecho, arrojó el brazalete de capitán y se fue al banco, mascullando: “Nadie puede manotear una pelota en ese maldito partido”.

Todos tenemos la propensión a culpar a un factor o una persona externa cuando las cosas salen mal.

Algunas organizaciones políticas elevan esta propensión a un mandamiento: “Siempre hallarás un agente externo a quien culpar”. La Secretaria de la Secretaría culpa a la Dirección de Liquidaciones: “Seguimos perdiendo y nuestra calidad no es competitiva”. Ingeniería culpa a Procesos: “Si tan sólo dejaran de estropear nuestros diseños y nos permitieran diseñar los productos de que somos capaces, seríamos líderes en nuestra materia”.

El síndrome del “enemigo externo” es cuando solamente nos concentramos en nuestra posición, no vemos que nuestros actos la trascienden. Cuando esos actos tienen consecuencias que nos perjudican, incurrimos en el error de pensar que estos nuevos problemas tienen un origen externo.

Como la persona perseguida por su propia sombra, no podemos deshacernos de ellos.

El síndrome del “enemigo externo” en la seguridad vial es lo mismo, siempre la culpa es del otro y casi nunca recaemos en nuestras acciones.

Para muchos el “enemigo” está integrado por las avenencias del prójimo. La historia del “enemigo externo”, sin embargo, es siempre parcial. El “afuera” y el “adentro” suelen formar parte de un mismo sistema. Este problema de aprendizaje vuelve casi imposible detectar la influencia que podemos ejercer sobre cuestiones “internas” que superan la frontera entre nosotros y lo “externo”.

Por otro lado, la mala adaptación a amenazas crecientes para la supervivencia aparece con tanta frecuencia en los estudios sistémicos de los fracasos empresariales que ha dado nacimiento a la parábola de la “rana hervida”.

Si ponemos una rana en una olla de agua hirviente, inmediatamente intenta salir. Pero si ponemos la rana en agua a la temperatura ambiente, y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando la temperatura se eleva de 21 a 26 grados centígrados, la rana no hace nada, e incluso parece pasarlo bien. A medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida, y finalmente no está en condiciones de salir de la olla. Aunque nada se lo impide, la rana se queda allí y hierve. ¿Por qué? Porque su aparato interno para detectar amenazas a la supervivencia está preparado para cambios repentinos en el medio ambiente, no para cambios lentos y graduales.

Algo similar sucede actualmente, con la educación vial. En los años 80, dominaba el escenario los agentes de tránsito, y los semáforos. Y comenzó a cambiar muy gradualmente. En los noventas se le sumó el abuso de badenes, lomos de burro y reductores de velocidad Y cada vez los procesos de monitoreo se van modernizando....

Aún no sabemos si esta rana tendrá fuerzas para salir del agua caliente para sobrevivir...

Para aprender a ver procesos lentos y graduales tenemos que aminorar nuestro ritmo frenético y prestar atención no sólo a lo evidente sino a lo sutil. Si nos sentamos a mirar los charcos dejados por la marea, no vemos mucho al principio, pero si nos detenemos a observar, al cabo de diez minutos el charco cobra vida.

El problema es que nuestra mente está tan sintonizada en nuestra secuencia No eludiremos el destino de la rana a menos que aprendamos a aminorar nuestro ritmo frenético y ver esos procesos graduales que a menudo plantean para todos las mayores turbulencias.

Para concluir, en primera instancia debemos asumir la responsabilidad de hacernos cargo de todas las macanas que hacemos a la hora de conducirnos en el escenario vial. (Peatón, ciclista, motociclista, automovilista…) y que primero la culpa la debemos buscar internamente, y no en el otro… Asimismo, debemos ver, que el foco está puesto en invertir en recaudar, castigar y vigilar, y que poco se hace para invertir en estructura vial que amortigüe los errores humanos, porque si de algo estamos seguros, es que sí o sí nos vamos a equivocar en algún momento.




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