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2018-03-05 Nacionales

Paula Abal Medina

"El gobierno le tiene más miedo a los movimientos sociales que a la CGT"


Por Diego Genoud para LPO

La investigadora repasa la relación de Macri con el sindicalismo y las agrupaciones sociales.

Comenzó a trabajar temas sindicales a fines del año 2000, con entrevistas a jóvenes empleados que debutaban en un mundo laboral con la cancha inclinada, dentro de grandes supermercados y call centers. Durante los años del kirchnerismo, investigó en dos direcciones: una nueva generación de trabajadores y una dirigencia sindical que primero recuperó poder y después enfrentó al gobierno de Cristina Kirchner.

Socióloga, investigadora del Conicet, docente en la Universidad de San Martín, coautora de dos libros sobre sindicalismo en Argentina, Paula Abal Medina destaca la importancia de Hugo Moyano como líder gremial opositor a Mauricio Macri, pero advierte que reducir la disputa a lo que pasa entre el Presidente y el jefe camionero es caer en una trampa. "Hoy la articulación del sindicalismo y la economía popular es lo más potente y lo más interesante. Está encarnando el poder de bloqueo social al macrismo y en un proyecto futuro puede expresar la recuperación de protagonismo de los trabajadores", asegura. Mientras advierte sobre los problemas políticos que afectan al moyanismo y al kirchnerismo, sostiene que el macrismo privilegia el vínculo con las organizaciones sociales porque tiene más miedo de ver alterada la paz social que de lidiar con los sindicatos.

¿Cuál es la novedad que aporta el 21F con respecto a los dos años de Macri en el gobierno?

Me parece que se inscribe en un cambio que nace con las jornadas de diciembre, pero que lo particular es la articulación de dos expresiones: una parte del sindicalismo poderoso, con espalda, que coincide con la masividad de las organizaciones sociales en un proceso de confrontación bastante declarado y abierto contra el macrismo. Eso no se había dado hasta ahora. A eso hay que sumarle el rol de los docentes, los bancarios y las expresiones más de base, de corte trotskista o de corte obrerista al estilo de los Aceiteros, que me imagino que van a crecer. Esos sectores expresan hoy el poder de veto o de bloqueo social del que hablaba (Juan Carlos) Portantiero. Además, agregaría cierto feminismo que se tonaliza cada vez más a favor de la reivindicación de trabajadoras, un feminismo gremial que se está construyendo.

¿Qué rol tiene Moyano como opositor en esta nueva etapa?

En una entrevista que le hicimos a Moyano en la revista Crisis en junio de 2016, ya ahí él caracteriza al macrismo como un gobierno empresario pero dice todavía no es el momento para salir a la calle. Me parece que algo de eso pasaba, sobre todo en sus propias bases que tienen salarios muy por encima del promedio. De hecho, el gran problema de Moyano en la etapa final del cristinismo fue que no expresó al conjunto de la clase trabajadora sino a los Camioneros. Moyano entendía que había un tiempo político que construir y todavía faltaba para pasar a una confrontación que socialmente sea efectiva.

Discrepa de la la lectura más difundida, que dice que Moyano sale en defensa propia. ¿Por qué?

Un poco por esta línea histórica más larga y otro poco porque uno no puede dejar de leer la embestida del gobierno contra la corrupción de los sindicalistas en el marco de un proyecto más completo que va contra los derechos de los trabajadores y sus organizaciones.

La articulación con la CTEP

Moyano, que tuvo una buena relación con Macri hasta el año pasado, ¿puede convertirse en su principal opositor?


Hablar de moyanismo versus macrismo no expresa bien la mejor alternativa que la oposición puede construir. Es parte de la trampa. El moyanismo puede tener flancos débiles para pensar este conflicto más a nivel social. El mensaje principal es la articulación entre el sindicalismo y la economía popular. Esa articulación es la más interesante y la más potente y creo que (Juan Carlos) Schmid la expresa de manera admirable, sin posibilidad de carpetazo de ningún tipo. Él esa articulación genuinamente, Moyano lo ha hecho más especulativamente.

Schmid expresó una posición minoritaria en la era del triunvirato. ¿Se fortalece ahora esa postura?

En la organización para la marcha del 21F, Schmid volvió a ser el primero en tender el puente con las organizaciones sociales en la CTEP. Después se sumaron todos porque se dieron cuenta que el escenario iba a contar con muy poca dirigencia sindical cegetista. Por eso a mí me parece que la voracidad del moyanismo puede ser un problema político. Hoy no es efectivo que golpee el más fuerte, con un mundo del trabajo tan fragmentado. Hay que construir esa articulación, como se construyó siempre. También en la década del 60, la oposición al proyecto modernizador de Onganía llevó a la confluencia de los sectores acusados de ser el atraso que se reunieron en la CGT de los Argentinos y los sectores de las grandes multinacionales automotrices, que después dieron origen al Cordobazo y al clasismo.

¿Cómo se llegó a esa alianza que molesta al oficialismo?

La bisagra fue el 7 de agosto de 2016, cuando se hizo la marcha de San Cayetano, que explotó, y que llegó hasta Plaza de Mayo. Hasta ese día, todavía la gran mayoría de los dirigentes de la CGT te decían "sí, es importante este tema de los barrios, hay que ayudarlos, pero hay que entender que el movimiento obrero tiene otra fuerza". Es muy reciente la constatación de que ahí hay un potente proceso organizativo que lleva tres décadas. Ellos mismos dejan de pensarse como excluidos o descarte para pensarse como trabajadores y hablar de salario social complementario o salario indirecto en la economía popular.

Sindicatos y trabajadores

Con una CGT que le da la espalda y los gremios del transporte divididos, ¿Moyano puede traccionar hacia su sector bases sindicales ajenas?


El 21F pasó un poco eso. Cavalieri obviamente no adhirió a la movilización pero seccionales como la de Rosario del sindicato de Comercio vino a Buenos Aires, lo mismo pasó en FOETRA, donde conviven la CTA y la CGT. West Ocampo le dijo una vez a Horacio Ghilini que el peor error de un secretario general de la CGT era creer que era secretario general de los trabajadores y no de los sindicatos. Es la gran diferencia con la CTEP.

Desde 2010 hasta hoy, lo que crece es la CTEP y lo que pierde fuerza es el sindicalismo.

Está claro. Vos entrás al edificio de la CGT y te preguntás ¿habrá alguien acá adentro? Entrás a la CTEP y es una ebullición, un quilombo andante, hay una realidad viva que está pasando por ese lugar, que claramente es una unión de trabajadores y no una construcción de estructuras. Los sindicalistas más interesantes se dan cuenta ahora que la CGT es una estructura encogida que no logra encarnar esa heterogeneidad de realidades del trabajo.

Cambiemos parece tener al 80% del sindicalismo sentado a la mesa de diálogo. ¿Qué es lo que va logrando?

Primero, incluir pautas flexibilizadoras y precarizadoras del trabajo vía convenio colectivo, como pasó con los ferroviarios. Después, Cambiemos intenta dos vías para cambiar estructuralmente el mercado de trabajo: ampliar la tercerización laboral y fomentar la idea del trabajador autónomo con dependencia económica, que es la gran apuesta hoy en algunos países europeos, que significa sacar trabajadores del derecho colectivo del trabajo y que en Argentina se llama fraude laboral. Es una experiencia avanzada en países como España y como Italia.

El gobierno diría que es la única forma de crear empleo.

Seguro. Y lo han dicho muchas veces en la historia: hay que disminuir la protección de los trabajadores convencionados. Es un discurso que no funciona demasiado socialmente. Quedó tan claro qué fue lo que se dio durante los noventa vía reformas legislativas: niveles siderales de desempleo.

Sindicalismo vs. políticos profesionales

En sus trabajos, cuenta que los sindicalistas dicen que no fueron protagonistas durante el kirchnerismo. ¿Por qué cree que pasó eso?


Mi sensación es que el cristinismo nunca vislumbró al sindicalismo como un factor de poder que podía impulsar la radicalización del proyecto político. Lo vio con desconfianza, como una corporación más y muchas veces como una caricatura, más parecido a como lo ven los enemigos de siempre del sindicalismo.

¿No existe una desconfianza histórica entre el sindicalismo peronista y los políticos del PJ?

Sin duda. Parte del problema es cómo ese poder de bloqueo social se traduce en poder político. Se nota cuando uno ve encuentros entre políticos profesionales del PJ que se reúnen y directamente no convocan a este espacio más social.

Hoy son los gobernadores los que también prefieren pararse lejos del 21F.

Me parece que se abrió ahí otra brecha también desde diciembre. El sector de Pichetto y el sector de Rodríguez Saá que dice hay 2019. Pero es cierto, ninguna piensa la articulación con el campo social y gremial y yo creo que lo más interesante del peronismo en la historia tuvo que ver con eso. Más hoy, con un gobierno que se identifica con los empresarios. Sin el caudal electoral de esa articulación, los políticos profesionales del peronismo no pueden garantizar un triunfo sobre el macrismo.

Frente a una vertiente más identificada con Francisco, hay otra que busca reconquistar a la clase media y ve a Moyano también como parte del pasado.

La verdad es que no estoy segura sobre eso en términos más inmediatos y electorales. No sé si esas opciones se pueden complementar o se vuelven contradictorias. Es una ecuación que depende incluso de las caras.

Entre el kirchnerismo y el macrismo

El gobierno tiene dos estrategias diferenciadas: una con el sindicalismo y otra con la CTEP. ¿Qué quiere decir?

Con el sindicalismo, la estrategia es negociar sectorialmente, con la UTA, con Ferroviarios, con petroleros, con Gerardo Martínez. Aprovechan la fragmentación. Las organizaciones sociales, en cambio, funcionan como un bloque y creo que el macrismo le tiene mucho más temor -en su instinto, casi- a un diciembre de 2001. Le tiene más miedo a que esté completamente alterada la paz social que a lidiar con las organizaciones gremiales. Por eso, hay dos estrategias bien diferenciadas. Con Moyano ahora, se pone en crisis esa estrategia porque se ligan dos universos que estaban separados.

De acuerdo a su estrategia de gobierno, ¿qué hizo bien el macrismo?

El kirchnerismo en su etapa final extremó mucho discursivamente, no tuvo una estrategia de poder y eso generó cierto cansancio social. Realmente había hartazgo del discurso kirchnerista y sobre eso el macrismo construyó una estrategia comunicacional y discursiva que interpretó eso y que fue bastante más interesante. Pudo interpretar a ese sector social fluctuante que define si gana uno o gana otro, en medio de la polarización. Además, ellos entendieron que tenían que hacer pie territorialmente, vecinalizar la política y mostrarle al vecino que hay cosas que se cambian bien. Es una idea de la política muy débil, muy despolitizada, pero que es algo a no descuidar. Por momentos, el kirchnerismo lo descuidó completamente.

Con poco peso en los sindicatos y en las organizaciones sociales ¿Qué lugar tiene el kirchnerismo en el frente social que se puede ir conformando?

Yo creo que el kirchnerismo está ocupando un rol que no es nada sofistificado en este proceso. Después de tantos enfrentamientos, cuando los sectores sindicales afines al cristinismo se alinean y se subordinan tan rápido a Hugo Moyano, se empobrece el escenario de acumulación de fuerzas de este espacio. Me parecer una torpeza política. Es una construcción de mayor complejidad que no se juega en la inmediatez.

¿Por qué retoma la idea de empate social hoy?

Históricamente, permanecieron siempre enfrentados dos proyectos fuertes y ninguno de los dos logró construir una hegemonía duradera. Se ve más claro para mí desde la irrupción del peronismo, donde aparece la posibilidad de construir un proyecto con protagonismo de los trabajadores. En distintos momentos de la historia, se repite la necesidad de destruir ese poder social nacido con el peronismo porque sino no se construye una nueva hegemonía y un nuevo orden. Es bastante evidente que hoy eso aparece formulado por el macrismo.

¿Cómo debería recrearse ese bloque social si pretende superar al macrismo?

Recrear la idea de protagonismo de los trabajadores pero sin los problemas que tuvo esa idea, como el antiintelectualismo, eso de alpargatas Si libros no. Hay algo de esa alianza entre sectores medios y las clases populares que habría que tener la lucidez de articular. Algo de eso se tiene que modificar para que sea una alianza que construya una mayoría social.

Fuente: La Política Online




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