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en San Luis

2018-03-01 Columna: Educación Vial

Por José Quevedo Celi

Conciencia de habitabilidad


Si pensamos en ese conjunto de imaginarios que nos proveen un mapa mental, socialmente compartido, sobre cómo conducirnos por calles, veredas y rutas, y las trayectorias o coreografías que día a día realizamos casi sin darnos cuenta.

También pensemos en qué consiste la seguridad vial y para ello veremos que la misma se divide dos áreas:

Pasiva: su objetivo es proteger a los ocupantes en caso de accidente. En ella se engloban cinturones de seguridad, airbags, zonas de absorción del impacto, asientos y cabeceras, interruptor inercial (en caso de choque interrumpe la alimentación de corriente de la bomba de combustible) y sistema de prevención de incendios.

Activa: sirve para evitar accidentes. Aglutina los sistemas de frenos, luces, control de tracción, control de estabilidad y bloqueo electrónico del diferencial, además de la ergonomía.

Y a su vez debemos considerar la ergonomía -es decir, la búsqueda del diseño más adecuado de las máquinas o de los objetos para un mejor uso humano de los mismos- como un sistema más de la seguridad le ha conferido un tratamiento preferencial en el diseño de los vehículos.

Pero, permítame estimado lector, comentarle, los aportes de la ergonomía vial, por ejemplo los asientos ya no están subordinados a la estética y, ante todo, deben procurar comodidad porque así aumenta la seguridad del ocupante; los paneles de control deben ser claros, pero también evitar distracciones; el maletero ha de ser amplio, pero también facilitar su llenado. Todo ello beneficia la conducción y, si bien los adelantos más sofisticados se encuentran en modelos de alta gama, su extensión a los utilitarios más sencillos se demora cada vez menos.

El manejo de un auto, aunque sea una actividad muy usual, requiere compromiso por parte de quien lleva el volante. Asimismo, somos responsables de la conducción de una máquina y, si viajamos acompañados, también lo es de los ocupantes del vehículo.

A tal efecto nuestra comodidad ha de prevalecer. Esta comodidad es lo que se define como ergonomía o soluciones ergonómicas y puede dividirse en tres niveles.

El primero ofrece soluciones para el pilotaje directo, como el equilibrio en la colocación del asiento, pedales y volante.

El segundo se ocupa de ofrecer un acceso rápido y controlado a los instrumentos de navegación, como los interruptores de las luces, la regulación de espejos o los ajustes de la temperatura, y el tercero procura intuición y sencillez en el manejo de otras funciones, ajenas a la conducción pero no al viaje, como la apertura y llenado del maletero o el uso del equipo de sonido.

Con mayor o menor desarrollo, cada uno de los tres niveles funcionará si logra lo que busca, el confort y bienestar para garantizar un buen viaje.

El usuario debe ser también un agente activo de la ergonomía al volante. Poco puede hacer ante la distribución del habitáculo, pero sí está en su mano la elección del que mejor se adapte a su fisonomía.

A pesar de que cada persona tiene un peso, una complexión, una altura y unos hábitos de conducción propios, los ingenieros y diseñadores que desarrollan los modelos se basan en estudios experimentales de datos antropométricos (medidas corporales) para universalizar los resultados y, aunque el automóvil es un producto fabricado en serie, el abanico de posibilidades de elección ha crecido en los últimos años.

El área de investigación de Clases de Manejo San José -clic acá para seguirnos en Facebook- queremos recordar que el asiento trasero central del coche, es el más seguro del vehículo, por lo que si se viaja con un menor, se recomienda instalar en él un dispositivo de sujeción específico para el pequeño, que debe de estar adaptado a su peso y edad.

En consecuencia este asiento es más seguro que el resto, y sobre todo que el del copiloto, al estar más protegido en caso de impacto lateral, y del “volantazo involuntario del conductor, que en caso de posible choque frontal, gira siempre hacia la izquierda instintivamente”.

Ahora bien, si usted que nos lee y pese a estas recomendaciones, viaja sólo con el menor, y se decide instalar la silla o las sujeciones en el asiento delantero del copiloto, “es muy importante desactivar el airbag delantero para evitar el riesgo de asfixia del menor en caso de que éste se active”. Además, la citada área de investigación subraya la importancia de eliminar holguras en el arnés y la sillita, para evitar que el niño se golpee con ella en caso de impacto.

Por otro lado, recuerde que los niños menores de 4 años deben viajar sentados en sentido contrario a la marcha, para evitar movimientos bruscos del cuello y el tórax en caso de choque frontal. Para los mayores de 4 años, aconseja utilizar un cojín elevador con cinturón de tres puntos, situando su banda inferior sobre los huesos superiores de la pelvis, y nunca sobre las zonas blandas del abdomen.

También se alerta de la peligrosidad de llevar al niño en brazos “aunque sea para un trayecto corto”. “Tener un impacto circulando a 30 km/h equivale a caer desde una altura de un primer piso de un edificio, no hace falta decir lo que esto puede suponer para un bebé”, alerta.

Para evitar las lesiones más comunes derivadas de pequeñas colisiones, si se adoptan las posturas adecuadas durante la conducción. Consultamos a kinesiólogos y fisioterapeuta, ellos recomiendan verificar la altura y distancia del asiento, de manera que los pies puedan pisar a fondo los pedales del embrague, freno y acelerador, sin necesidad de inclinar o desplazar el cuerpo hacia delante; y adaptar el respaldo de manera que la inclinación del conductor sea lo más perpendicular posible y mantenga una distancia de por lo menos 25 centímetros respecto del volante.

Además, explican que para comprobar que el asiento y el volante están correctamente regulados, el conductor puede encajar las caderas en el ángulo que forma la banqueta y el respaldo, apoyar la espalda, y extender el brazo izquierdo comprobando que la muñeca apoya sobre la parte superior del volante.

Igualmente, los profesionales acordaron que “el apoyacabezas es un elemento de seguridad pasiva”, cuya parte central debe coincidir con la altura de los ojos, para que su uso sea efectivo; y que el cinturón debe quedar siempre a mitad del hombro.

Para concluir, podríamos enriquecer esta columna pudiendo suponer que en la calle hay muchas más cosas que están en juego que el mero traslado vehicular de un lugar a otro, sino también que este habitar móvil, perentorio, es una total performance que involucra la persona social y, por eso, la puesta en escena de los elementos que la constituyen.

En especial, en esta etapa de la investigación lo que pudimos detectar en las observaciones en bocacalles y en el auto pedagógico, es que los ámbitos del honor, la masculinidad, la generación (o sea, las clases de edad), el estatus, la seguridad pasiva, activa y la ergonomía se actualizan en toda la superficie de estos desplazamientos.




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